Rescato como lo más feo del 2014 el nuevo logotipo del Tecnológico de Monterrey, no porque su realización fuese innecesaria ni porque los fundamentos para su diseño estuviesen equivocados. Por el contrario, me parece que el proyecto era más que pertinente. Lo feo es la pobreza de la solución gráfica. Afirmo esto tiempo después de haber digerido la imagen y sus aplicaciones en diversos medios; mucho después de la oleada de protestas iniciales y de la equivocada reacción de los directivos que afirmaron que quienes lo criticábamos le hacíamos daño a la institución ¡cuando los detractores eran ellos!
Para muchos, este cambio de imagen parece un tema menor, centrado en un aspecto ejecucional de la operación y alejado de la Estrategia de Marketing. A ellos mi crítica les parecerá reiterativa y cansina. El resto comprenderá el efecto en el largo plazo sobre el valor de la marca. Y no me refiero a que lo pierda, sino a lo más dificil que será trabajar sobre ella sin una imagen a la altura de la institución.
Rescato como lo bueno el inicio de operaciones de Uber. Lo digo no porque su modelo de negocio me parezca innovador. De hecho, el modelo existe y numerosas 'centrales de taxis', empresas de transporte y hasta individuos particulares siguen el modelo vía radio frecuencia, teléfonos fijos y celulares. Lo que celebro es la plataforma tecnológica de Uber que me parece extraordinaria. Y lo digo porque es un 'detonador de cambio' que pone en evidencia el enfoque equivocado de nuestras autoridades gubernamentales que privilegian la protección de intereses corporativos por encima de la satisfacción de los usuarios del transporte.
Más allá de alegar que es competencia desleal, las corporaciones CTM, CNOP, CROC e innumerables otras siglas, podrían aprender de Uber y esforzarse por mejorar la satisfacción de sus clientes. Aún más, si Uber lo vislumbrara como una fuente de ingresos, podrían ofrecerle sus flotillas autorizdas (protegidas) por el gobierno para que operen bajo su modelo. Todos ganaríamos: las autoridades políticas seguirían otorgando permisos a discreción (no puedo decir que recibiendo moches, ni sobornos, pero quien lo quiera lo puede pensar); las corporaciones seguirían en el negocio, recibiendo una comisión de Uber y operando con mucha más facilidad que con la que operan ahora y los usuarios quedaríamos bastante más satisfechos.
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