En el
lenguaje cotidiano, hablar de necesidades tiene un significado distinto del que
debemos darle a las necesidades en el lenguaje empresarial.
Las discusiones acerca de si las necesidades ya
existen o son creadas por las empresas en su afán de comercializar son
meramente semánticas. En realidad no es ni siquiera un problema de ética, ya
que su planteamiento parte de una base errónea.
Lo que las empresas crean son soluciones que llamamos
productos o servicios, resultado de una tecnología que hace posible que estén
al alcance del público.
Así entonces, resulta ocioso discutir acerca de si el
smartphone, u otros productos y servicios, representan un lujo o una necesidad, a
menos que ubiquemos la discusión en el plano correcto desde el punto de vista
empresarial.
Tradicionalmente, los procesos de Planeación
Estratégica parten de un concepto económico de Oferta (producto) y Demanda
(mercado) bajo el cual las combinaciones de productos ofrecidos y mercados
atendidos, actuales o nuevos, definen tanto el negocio actual de la empresa
como cuatro posibles vías de crecimiento.
Sin embargo, producto y mercado deben estar unidos por
algo que haga posible su intercambio. Bajo un enfoque de mercado, debemos
recordar que un producto o servicio, más que el conjunto de sus características
físicas, representa para ellos una solución a los problemas de los clientes,
una satisfacción de sus necesidades; en una palabra, representa un beneficio.
Del beneficio
que el mercado recibe del producto se desprende el valor que hace posible desarrollar una
relación comercial continua. Lo que ello significa es que el negocio de la
empresa debe definirse precisamente sobre la base de esas tres dimensiones,
Beneficio, Mercado y Producto.
Por ejemplo, al comparar las cámaras de cine de 8mm
con las cámaras de video; los hornos de gas con los de microondas; la telefonía
convencional con la celular, o los medios de comunicación impresos con los
electrónicos, puede verse que el beneficio para el mercado es mayor con la
nueva tecnología, como resultado del valor que se agrega a la solución en
términos de conveniencia. Pero el beneficio básico sigue siendo el mismo.
Las empresas crean nuevos satisfactores, productos o
servicios, que satisfacen las mismas necesidades de siempre y proporcionan
soluciones más prácticas en términos de una mayor conveniencia para el público.
En términos generales, la motivación de los
clientes se da en por lo menos dos etapas distintas, las cuales debemos separar.
La primera tiene que ver con el reconocimiento de una necesidad en general y la
segunda con la elección de un satisfactor en particular.
Un individuo puede decidir beber algo para
apagar su sed, después elegir una entre varias opciones de bebidas (agua, jugo, isotónicas, refersco) y finalmente
decidirse por la marca y presentación (por ejemplo, un Gatorade de 500ml, o un Squirt de 335ml).
Para distinguir entre necesidades, motivos y
beneficios la mejor ayuda la encontramos en la jerarquía de necesidades que
Abraham Maslow propuso en su libro de 1954 ‘Motivación y Personalidad’.
Maslow propuso que el ser humano jerarquiza
sus necesidades de las más a las menos apremiantes (fisiológicas, de seguridad,
sociales, de estima y auto realización) y que le dedica tiempo y esfuerzo
primero a una necesidad de menor jerarquía, la cual, una vez satisfecha dejará
de ser un motivador para cederle su lugar a una necesidad del siguiente nivel.
Cuando una persona tiene suficiente agua, comida y techo empezará a preocuparse
por su seguridad, sus necesidades sociales, emocionales, etc.
En el primer nivel de la escala de Maslow es
muy fácil asociar a las necesidades fisiológicas de agua, comida y vivienda un
estado de tensión que se genera cuando el requerimiento no está siendo
satisfecho. La falta de agua o alimento genera un estado de tensión que
llamamos respectivamente sed y hambre.
Así, definimos necesidad como requerimiento
(agua); motivación como el estado de
tensión que se genera cuando una
necesidad no está siendo cumplida (sed) y beneficio
como satisfacción, o resultado de
satisfacer una necesidad.
De hecho, no tenemos una palabra específica
para referirnos al beneficio de beber agua. ¿Apagar la sed? La falta de
descanso (necesidad) produce sueño (motivación) y dormir nos brinda el
beneficio de ¿descansar? Es un juego semántico.
El verdadero problema está en los siguientes
niveles de la escala de Maslow, porque el estado de tensión es cada vez más
difícil de describir y denominar. Si la persona requiere relacionarse
socialmente, ¿cómo llamarle al estado de tensión que se genera cuando dicha
necesidad no está siendo satisfecha? ¿Soledad? ¿Cómo llamarle al beneficio?
Cuando hablamos de ciertos productos y
servicios, tenemos serios problemas porque es difícil identificar los
beneficios que su público busca en ellos. Cigarrillos, bebidas alcohólicas y
café son tres ejemplos. De hecho, el perjuicio que su consumo irresponsable pudiera
causar en el largo plazo sería mayor que el beneficio que proporcionan en el
presente inmediato.
Debemos hacernos algunas preguntas con
relación a la primera etapa de decisión. ¿Por qué la gente fuma? ¿Por qué
consume bebidas alcohólicas? ¿Por qué utiliza una cuenta de cheques? ¿Por qué
estudia una carrera profesional? ¿Por qué llama por teléfono? ¿Por qué se
conecta a internet? ¿Por qué usa un automóvil? ¿Una pasta de dientes? ¿Por qué
va al cine?
Y cuando contestemos estas, deberemos
preguntarnos otras cosas. ¿Por qué una marca de cerveza y no otra? ¿Por qué
surtirse de una compañía, de entre varias posibles? Hay beneficios que se
obtienen en esta segunda etapa diferentes de los que se buscan en la primera y
que están más relacionados con el proveedor que con el propio satisfactor.
¿Qué debemos hacer en la práctica para desarrollar una
relación comercial continua con los clientes de la empresa, basados en
intercambios de valor?
Enfocarse hacia el cliente requiere sensibilidad para
identificar el beneficio
significativo que el mercado
considera de valor y flexibilidad en la selección de una tecnología que se traduzca en productos, servicios y formas de
entrega superiores a los de la competencia.
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